Excmo. Sr. Alcalde, señores
concejales y concejalas del Excmo. Ayuntamiento de Almería, dignísimas
autoridades, ciudadanos y ciudadanas,
Es para mí un honor volver a esta
tribuna municipal para participar en el ritual del Homenaje a los Mártires de
la Libertad. Una larga tradición liberal progresista que ha surcado la vida
política y social durante gran parte de la historia contemporánea almeriense.
Muchas gracias alcalde y muchas
gracias portavoces de los grupos políticos de nuestro Ayuntamiento por invitarme
a ocupar esta tribuna en un día tan señalado para nuestra ciudad.
Hoy, en este salón de plenos del
Excelentísimo Ayuntamiento de Almería, cuando se cumplen 193 años del
fusilamiento de un grupo de liberales que dieron su vida por la Libertad y la
Constitución, quiero que mis primeras palabras sean para expresar la más
absoluta y rotunda condena por el cruel y cobarde atentado terrorista que hace
una semana llenó de horror y espanto a la ciudad de Barcelona y a la villa de
Cambrils. Desde esta tribuna traslado a las víctimas, a sus familiares y
amigos, toda nuestra solidaridad y afecto y los deseos de una pronta
recuperación de los heridos. Un apoyo que hago extensivo a todo el pueblo
catalán y español que se han visto sacudidos y conmocionados por esta acción
inhumana y cruel de los terroristas. La unidad de las fuerzas políticas y
sociales de nuestro país frente al terrorismo hace más visible que nunca la
fortaleza de nuestra democracia y de nuestros valores, y ningún acto terrorista
va a poder alterarlos. El ejemplo y el recuerdo de aquel puñado de liberales
que vino a la ciudad de Almería en 1824 para intentar restablecer el régimen
constitucional y asentar en España una sociedad basada en la libertad, la
igualdad y la fraternidad nos dan alas para seguir afianzando nuestros valores
democráticos y nos invitan a defenderlos frente a la barbarie terrorista y
cualquier intento de ataque a la libertad.
En 1974, en los últimos momentos
de la dictadura franquista, un grupo de personas amantes de la democracia y de
las tradiciones liberales almerienses, encabezados por el abogado Juan Pérez
Pérez y el periodista José Miguel Naveros, me hablaron de “los coloraos” y me
invitaron un día como hoy a hacer un recorrido en silencio desde el Teatro
Cervantes hasta la plaza Vieja. Pronto observé que el mismo recorrido lo hacían
algunas personas mayores. Habíamos hecho lo que ellos llamaban “la procesión
del silencio” en recuerdo de la manifestación que en los años 30, en plena II
República, recorría las calles de Almería hasta llegar al centro de la plaza de
la Constitución en donde se levantaba un monumento que albergaba los restos de
“los coloraos” y había sido demolido con motivo de la primera visita del
general Franco a Almería tras la Guerra Civil. Querían conservar viva la
tradición liberal que el franquismo había condenado al olvido. Aquellos días
nos comprometimos en luchar por restablecer la tradición que durante el siglo
XIX y el primer cuarto del siglo XX se había convertido en una de las señas de
identidad de la Almería contemporánea.
Confieso que desconocía aquella
historia. El olvido había tenido su efecto sobre mí y sobre las generaciones
que nacimos en aquellos años. La curiosidad de historiador me llevó a rastrear
el archivo municipal, la prensa local, los papeles secretos de Fernando VII en
el Palacio de Oriente, con el fin de reconstruir y divulgar el relato de esta
historia condenada al silencio.
Entonces descubrí que la
tradición arrancaba en 1841 cuando el pleno del Ayuntamiento Constitucional de
Almería acordó inmortalizar la gesta y la memoria de los "Mártires de la
Libertad" con actos cívicos-religiosos todos los 24 de agosto e indicaba
explícitamente que se realizaran anualmente hasta la eternidad.
Si aquel Ayuntamiento
constitucional de 1841 acordaba que se inmortalizara la gesta y la memoria,
sigamos sus pasos. Recordaré en primer lugar la heroicidad de aquellos
liberales que hace 193 años fueron fusilados en Almería e inmortalizados
popularmente con el nombre de “Los coloraos” por la casaca encarnada de la
marina inglesa que vestían al desembarcar en nuestras playas. Después hablaré
de la Memoria.
La gesta de “los coloraos” es la
historia de un fracaso. No lograron sus objetivos y sobre ellos cayó la más
dura represión de la tiranía de Fernando VII. Sin embargo, sobre su sangre
germinó años más tarde una sociedad liberal que luchó por conquistar y mantener
derechos y libertades.
El intento de proclamar la
libertad y restablecer la Constitución de 1812 en Almería se inserta en el
entramado de conspiraciones, Tarifa, Granada o Málaga, que los exiliados en
Gibraltar prepararon contra el despotismo de Fernando VII, tras haber sido
repuesto en el trono absoluto en 1823 por el ejército francés de los “Cien mil
hijos de San Luís".
¿Quiénes eran los coloraos?
Fueron el primer grupo de
liberales que inició planes revolucionarios desde el exilio para restaurar la
libertad en España, arrebatada por el despotismo. Dirigidos por Pablo Iglesias,
ex regidor del Ayuntamiento de Madrid, promovieron una sociedad la Santa
Hermandad, de adscripción comunera, con el fin de encuadrar a los partidarios
de impulsar sin dilación la revolución en España. La comunería estuvo vinculada
a lo que se llamó el liberalismo exaltado, grupo que constituye el antecedente
directo del progresismo y de la democracia española. Tenían una visión de la
historia de España que les entroncaba con los Comuneros de Castilla (Padilla,
Bravo y Maldonado), la defensa de la autonomía y la libertad de sus pueblos y
ciudades frente a la opresión de Carlos I. Se denominaban “los hijos de
Padilla”. Durante el Trienio Liberal defendieron un liberalismo democrático,
popular, que pretendía convertir al pueblo español en sujeto político y exigían
el cumplimiento estricto de la Constitución proclamada en Cádiz en 1812. En
ello se diferenciaban de los doceañistas a quienes no les importaba modificar y
rebajar la Constitución con tal de pastelear con Fernando VII, que la había
acatado en 1820 pero que no paraba de conspirar con las Cortes Europeas para
que le devolvieran en el trono absoluto, como ocurrió en 1823 con la entrada en
España de los “Cien mil hijos de San Luis”.
No es de extrañar que fueran
precisamente los partidarios del liberalismo democrático los que, una vez en el
exilio, fueran los primeros y más interesados en devolver a España un régimen
constitucional e impulsaran planes revolucionarios desde la colonia inglesa que
había acogido a una parte significativa del exilio liberal español.
¿Por qué deciden que Almería
fuera uno de los lugares de arranque de la revolución?
Sin lugar a dudas por el apoyo
que habían encontrado en el liberalismo almeriense y también por la facilidad
de intercambio de los documentos y consignas de la conspiración con los
liberales de Almería a través de los contrabandistas. Los documentos que se
intercambiaron estuvieron encabezados por un sello cuya leyenda decía:
"Primera división del ejército de la libertad. 1824. Libertad o
muerte". Los liberales almerienses vinculados a la conspiración
pertenecían a la ciudad de Almería y a los pueblos de la Taha de Marchena.
Entre ellos destacaron Joaquín de Vilches, animador de la Tertulia Patriótica
durante el Trienio Liberal, Joaquín Navas, Gaspar Estevan, Francisco Guerrero
Padilla, Francisco Mayola y el padre de Nicolás Salmerón.
La Represión. El secreto de la
conspiración no fue sigilosamente guardado y los realistas se enteraron de
ella. Se registraron viviendas, hubo encarcelamientos y se reforzaron las
defensas de la ciudad para resistir el ataque de los liberales. La expedición,
integrada por 49 hombres y dirigida por Pablo Iglesias, llegó frente a las
costas de Almería a primeras horas del día 14 de agosto de 1824 trasportados
por el bergantín Federico y una escampavía. Rompió fuego según lo convenido,
pero al no producirse movimientos en el interior de la plaza, decidieron
desembarcar en la boca del río Andarax, a pocos kilómetros de la ciudad, donde
se les unieron algunos almerienses. Los ataques al grito de "¡Viva
Riego!" y "¡Viva la libertad!" fueron rechazados por los
realistas en las murallas de Almería. Aquellos liberales, muchos de ellos
reclutados en los pueblos cercanos a la ciudad, no lograron entrar en la plaza
tras varios intentos. Pablo Iglesias dio la orden de retirada. Una parte
importante de los expedicionarios fueron hechos prisioneros. Pablo Iglesias
huyó escondiéndose de cortijo en cortijo y fue capturado en Cúllar-Baza.
El intento liberal de Tarifa unos
días antes había sido aprovechado por los realistas para clamar por el
exterminio de los liberales. El ministro de Gracia y Justicia, Calomarde, dictó
una real orden disponiendo “que cualquier revolucionario que fuese aprehendido
con las armas en la mano fuese inmediatamente entregado a una comisión militar
para que breve y sumariamente juzgase y ejecutase lo juzgado, dando después
cuenta de lo que hubiese hecho”. Las comisiones militares, con sus rápidas
sentencias, enviaron a la horca o al fusilamiento a muchos constitucionales,
dándole a reacción fernandina todo su tinte sanguinario
La comisión militar de Almería
juzgó a los prisioneros y ordenó fusilar a 22 de ellos en la mañana del 24 de
agosto de 1824. Sus nombres sonaron muchas veces en el salón de plenos de este
Ayuntamiento: Juan Luch, teniente coronel, ayudante de campo del general Riego,
natural de Málaga; Bernardino Bustamante, oficial retirado de 44 años, natural
de Baldemuro; José de Rojas, de 21 años, natural de Jimena; José Gandía,
barbero en Gibraltar, de 31 años y natural de Albox (Almería); Luis de Rute,
capitán del regimiento de la Corona, gaditano; Ramón Manzano, sargento primero
de Milicias, de 35 años y natural de Caniles (Baza); Carlos Massoff, seudónimo
del general francés Cugnet de Montarlot; Francisco Paules, capitán del
ejército, 22 años, natural de Leyna; Tomás Reís, natural de Dublín, de 19
años,; Benigno Morales, editor del periódico madrileño El Zurriago, de 31 años;
Carlos Hoyos y Miel, capitán del regimiento de Málaga, natural de Santander, de
37 años; Guillermo Uuty (Gusty), de 18 años, oficial del Gobierno de Gibraltar,
natural de Dublín; Miguel Giménez, natural de Tebar, de 23 años y de oficio
cordonero de guitarra; Evaristo Fernández, de 18 años, albañil y natural de
Algeciras; Ángel Garay, de 35 años; Nicolás González, de 22 años y capitán del
ejército; Juan González, de 20 años y teniente del ejército; José López, de 18
años; Francisco González, de 28 años; Juan Pérez Balverde, de 23 años; y Jorge
Navarrete, de 33 años.
Las ejecuciones continuaron en
agosto y septiembre hasta llegar al número de 26: José Pascual, Juan Bautista Puchi
(Peti), José Rodríguez y Francisco Joaquín Javier Bustamante. Sus cuerpos
fueron enterrados en el cementerio contiguo a la Iglesia de San Juan. Pablo
Iglesias fue juzgado en Madrid y condenado a morir en el patíbulo un año
después, el 25 de agosto de 1825. Pablo Iglesias terminó su alocución antes de
ser ahorcado “con el grito santo” de “libertad o muerte". Los que se
libraron de la muerte sufrieron la persecución, la cárcel y el exilio. Los
realistas destacados en la represión fueron premiados por su actuación. De su
seno saldría años más tarde la plana mayor del carlismo almeriense.
Aquí termino con la gesta y doy
paso a la Memoria.
Tuvieron que pasar 14 años para
que su memoria fuese honrada en Almería. Eran los momentos de consolidación del
liberalismo y el recuerdo de estos héroes románticos sirvió para asentar los
mitos y los símbolos del nuevo régimen constitucional. Correspondió a Joaquín
de Vilches, jefe político de Almería en 1837 y liberal comprometido en la
conspiración de los coloraos, ordenar la exhumación y enterrarlos con toda
dignidad en un cenotafio construido en las cercanías del cementerio de Belén,
conocido popularmente como "el pingurucho de los coloraos" por la
pirámide de quince varas de alto que se erigía sobre el monumento. En el centro
del cenotafio se leía la siguiente octava:
Yacen aquí los ínclitos varones
Que por la patria y libertad
murieron
Víctimas inocentes con traiciones
En poder de los déspotas cayeron;
Y feroces y barbaros montones
De sangrientos cadáveres
hicieron.
¡!!Doloroso espectáculo¡¡¡ su
historia
Publicará esta fúnebre memoria.
Por aquellos mismos años se puso
en Granada la primera piedra del monumento a Mariana Pineda, la Heroína y
mártir de la Libertad, y se erige un pedestal en el centro de la plaza que lleva
su nombre. También por aquellas fechas, en 1842, se levantó en Málaga, en el
centro de la plaza de la Merced, en monumento al general Torrijos y a sus 47
compañeros fusilados en las playas malagueñas en 1831 y en donde una cripta
recoge los restos de todos ellos. “Los coloraos” en Almería, Mariana Pineda en
Granada y el general Torrijos y sus compañeros en Málaga son los principales
símbolos de la Libertad frente al absolutismo que se erigieron en la España del
siglo XIX y en todos ellos sus respectivos ayuntamientos acordaron celebrar
anualmente actos en su memoria.
Esta memoria, hecha piedra, ha
pervivido en el tiempo en estas ciudades andaluzas y su presencia ha sido capaz
de influir sobre el inconsciente de la población de manera sutil y persistente.
Como bien señala la filósofa Agnes Heller la memoria cultural está conformada
por objetivaciones que proveen significados de una manera concentrada,
significados compartidos por grupos de personas que los dan por asumidos.
Pueden ser textos, señales, símbolos y alegorías, pero también monumentos.
Los acuerdos plenarios, como el
de Almería en 1841, de mantener viva la memoria de aquellos liberales también
enlazan con el mito y la tradición judeo-cristiana de los Mártires que dio
origen a grandes paradigmas ideológicos occidentales de la edad contemporánea.
No hay que olvidar que el martirio está en el origen de la religión cristiana,
que todos los días recuerda en su ritual litúrgico a un Jesús que derramó su
sangre para redimir al pueblo de Dios. Siguiendo esta tradición, el mito del
martirio, como idea originaria, fue recogido por los liberales cuando
denominaron Mártires a sus luchadores por la Libertad, sobre cuya sangre
derramada germinaría una sociedad de derechos y libertades frente a la tiranía.
Nadie mejor que los que habían dado su vida por la libertad podían representar
los valores y las virtudes cívicas que preconizaba la nueva sociedad. Un mito
fundacional que, por citar algunos más, lo encontramos ritualizado más tarde en
las ideologías del movimiento obrero cuando deciden celebrar los primeros de
mayo como día reivindicativo en recuerdo de los Mártires de Chicago, o el
movimiento feminista que celebra el 8 de marzo como día internacional de las
mujeres tomando como referencia el martirio de 140 mujeres calcinadas en 1908
en una fábrica textil de Nueva York.
Los liberales progresistas
almerienses de 1841 tenían clara la función movilizadora y esclarecedora que
debían tener los 24 de agosto en el proceso de configuración de la identidad
liberal de la ciudad y de la provincia. Para ello impulsaron políticas de
memoria que iban desde la construcción del cenotafio hasta las celebraciones
anuales de las efemérides que servían para afianzar entre la ciudadanía a los
referentes de la nueva sociedad y las nuevas ideas del liberalismo.
De esta manera, a lo largo del
siglo XIX, el programa de las conmemoraciones recogía una procesión
cívico-religiosa con la participación de las instituciones civiles, militares,
religiosas y el pueblo en general que terminaba ante el cenotafio donde estaban
depositados los restos de «los coloraos». La Milicia Nacional y la Guardia
Civil rendían honores y desfilaban ante el cenotafio, se leían poemas, se
decían misas y el acto se clausuraba con la alocución del alcalde de Almería,
que recordaba a los héroes liberales y hacía un llamamiento al público
asistente a seguir su ejemplo. No faltó algún año en que el alcalde se quedó
sin palabras y para salir del apuro dijo “Música maestro” para dar paso a los
himnos liberales.
Pero las políticas de memoria
también tienen su propia historia, reflejo, sin duda, de los procesos que se
han vivido en la España Contemporánea a la hora de asentar una sociedad
liberal-democrática. A lo largo del siglo XIX no siempre se celebraron los
aniversarios. Los moderados los acallaban o tan solo los despachaban con unas
misas en el cenotafio; sin embargo, el liberalismo progresista le dio el máximo
realce en los momentos que estuvieron al frente del poder hasta el punto de
hacer totalmente suya la tradición.
A los progresistas se sumaron con
entusiasmo los primeros demócratas almerienses encabezados por profesores del
Instituto de Segunda Enseñanza, comerciantes y artesanos. No es de extrañar que
cuando llegó por primera vez la democracia a España con la Gloriosa revolución
septembrina de 1868, que por cierto en Almería presidió Ramón Orozco el hombre
más rico de la provincia, una de las primeras decisiones de nuestro
Ayuntamiento, integrado por concejales progresistas, unionistas y demócratas,
fuera erigir un nuevo monumento a los Mártires de la Libertad y levantarlo en
el centro de la ciudad. El mausoleo-cenotafio del cementerio de Belén se había
deteriorado, estaba muy alejado de la centralidad urbana y el liberalismo
democrático almeriense quería que las virtudes cívicas y los valores
democráticos que representaban aquellos hombres estuvieran inmersos en la vida
cotidiana de los almerienses. Era común a las ciudades modernas europeas ubicar
los referentes iconográficos y simbólicos de sus tradiciones en los espacios
centrales. A nadie se le ocurría alejarlos del centro de las ciudades salvo que
fuera para condenarlos al olvido. Por ello el primer ayuntamiento democrático
almeriense impulsó una suscripción popular logrando que el nuevo monumento se
sufragara con la aportación voluntaria del pueblo "libre" de Almería,
y se inauguró el 27 de diciembre de 1870 en pleno corazón de la ciudad, la
Plaza de Cádiz, actual Puerta de Purchena.
Hoy sabemos que la memoria social
y cultural que conforman la identidad de cada ciudad también se expresa a
través de edificios, imágenes, rituales como depositarios del recuerdo. La
memoria colectiva de una ciudad está representada, en parte, por los lugares y
los monumentos que la conforman y las ideas que los sustentan.
Sin embargo, los primeros años de
la Restauración canovista no fueron propicios para los aniversarios. El
canovismo almeriense intentó terminar con ellos, pero los liberales de Sagasta
con el alcalde Juan Lirola a la cabeza y la Juventud Democrática los impulsaron
y les dieron la máxima solemnidad especialmente en 1889, con motivo del primer
centenario de la Revolución Francesa, celebrando un gran acto en la Puerta de
Purchena en el que la banda municipal hizo sonar el Himno de Riego, el Himno de
Garibaldi y la Marsellesa entendida como el himno liberal por excelencia y no
como el himno oficial de la vecina nación francesa. Se puede afirmar que la
celebración del 24 de agosto había terminado por imponerse y ya formaba parte
de las efemérides ciudadanas de fínales del siglo XIX. Se había producido la
fusión del mito fundacional con el ritual. Y unidos ambos desempeñaron
funciones decisivas en la configuración de la identidad liberal de Almería.
Las necesidades urbanísticas y de
tráfico aconsejaron a la Corporación Municipal en 1899 a desplazar el
monumento y ubicarlo en un nuevo espacio de centralidad, la plaza de la
Libertad, actual plaza de la Constitución. Allí quedó instalado hasta ser
desmantelado por las autoridades franquistas en 1943. El nuevo siglo, el siglo
de las masas, retocó el programa de los aniversarios. A lo largo de las
primeras décadas del siglo XX las conmemoraciones pierden el carácter religioso
y adquieren mayor significado cívico. Si durante el siglo XIX los impulsores de
los aniversarios fueron los liberales, los demócratas y los republicanos, a
principios del siglo XX se les sumaron las sociedades obreras de Almería y la
Agrupación Socialista. Las procesiones cívico-religiosas son sustituidas por
manifestaciones y ganan vistosidad cuando acuden las sociedades obreras con sus
estandartes y afiliados. Los años que las manifestaciones no cuentan con el
apoyo de las sociedades obreras y de los grupos republicanos quedaban
deslucidas por la falta de asistencia de público.
Como se pueden imaginar, la II
República, que constituyó la segunda etapa democrática de la Historia de
España, dio la máxima solemnidad a los aniversarios, sobre todo, en sus tres
primeros años cuando personalidades de la vida política e intelectuales
republicanos impartían sus conferencias en un teatro Cervantes abarrotado de
gente. Conferencias alusivas a la libertad y a los valores y virtudes
republicanas, tras las cuales se producía el recorrido oficial hasta el
Monumento de los Coloraos. Pasado liberal democrático y presente republicano se
combinaron en el calendario oficial de los republicanos almerienses cuando
situaron el 14 de abril y el 24 de agosto como las dos fechas más
representativas de sus celebraciones.
Sin embargo, durante los años de
la dictadura de Franco, los aniversarios a los Mártires de la Libertad
desaparecen y el silencio cae sobre ellos. Se intenta borrar la memoria, y la
larga tradición liberal progresista es condenada al olvido. En la política
monumental del franquismo en Almería no cabían monolitos dedicados a los
Mártires de la Libertad. Un oficio enviado al alcalde de Almería el 6 de marzo
de 1943 por el delegado de Falange Española Tradicionalista y de la JONS del
distrito 5 es esclarecedor al respecto:
“El deber falangista nos impone
comunicar a V.S. el siguiente caso: Se trata del monumento que en honor de los
mártires de la libertad tiene erigido en una de las principales plazas de esta
Ciudad, cual es la plaza Vieja.
Como quiera que no debemos ver en
ese cenotafio la estética del mismo, sino que es un recuerdo de unas personas
que lucharon con las armas en la mano en contra de nuestras sagradas
tradiciones, obedeciendo a consignas masónicas extranjeras, por lo tanto, en
nombre de los camaradas que componen este distrito, ruego a V.S. se sirva dar
las órdenes precisas para que desaparezca dicho monumento que desdice de una
ciudad que está bajo el signo del Yugo y las Flechas. Por Dios, por España y su
Revolución Nacional Sindicalista”1.
Desconozco si fue por este oficio
o porque el alcalde Vicente Navarro Gay temió mantener un monumento dedicado a
la Libertad frente al balcón principal del Ayuntamiento, o por las dos cosas a
la vez, lo cierto es que con motivo de la primera visita del general Franco a
Almería en 1943, el alcalde ordenó el desmantelamiento del monumento a
"los coloraos". El exceso de celo de las autoridades franquistas
almerienses no fue secundado por las autoridades granadinas ni malagueñas que
mantuvieron los monumentos a Mariana Pineda y al general Torrijos en sus
respectivas plazas frente a los avatares liberticidas que se vivían en esos
momentos en España. Los restos de “los coloraos” se trasladaron al cementerio y
las piedras del monumento se esparcieron por la plaza de Pavía con la idea de
levantarlo en aquel emplazamiento, lo que nunca se produjo. Las piedras serían
utilizadas más tarde para bordillos de calles y arreglos de la zona portuaria.
El silencio y el olvido recayeron
sobre aquella gesta y sobre su memoria, hasta que los que nos comprometimos en
1974, impulsamos los primeros aniversarios una vez llegada la democracia. Tuve
el honor de divulgar desde la Universidad y los medios de comunicación esta
tradición que constituye una de las señas de identidad más genuinas de la
Almería Contemporánea y de participar en las primeras y humildes celebraciones
junto a Juan Pérez Pérez y José Miguel Naveros que promovió el Ayuntamiento
democrático presidido por Santiago Martínez Cabrejas. Faltaba recuperar el
monumento. Y ello se llevó a cabo en la Corporación municipal de 1987, donde
tuve la responsabilidad de la concejalía de Cultura y a su vez la tarea de
promover la construcción del monumento a “los coloraos”. Lo hicimos como en el
año 1868. Una comisión ciudadana, presidida por José Tesoro y el profesor Pedro
Tirado, recabó la aportación voluntaria del pueblo de Almería, y el 24 de
agosto de 1988 volvía a brillar con mármol blanco de Macael, en la plaza de la
Constitución, en el mismo lugar que estuvo emplazado durante el primer cuarto
del siglo XX, una reproducción exacta del monumento a los Mártires de la
Libertad. El nuevo ritual volvió a reproducir la tradición decimonónica y los
himnos liberales volvieron a sonar en la plaza de la Constitución tras largos
años de silencio, conmocionando a centenares de almerienses, muchos de ellos, los
más mayores, con lágrimas en los ojos al escuchar de la banda municipal los
acordes de la Marsellesa y el Himno de Riego.
Cuando hicimos la investigación
hace ya años, creíamos que los restos de aquellos liberales habían desaparecido
o habían sido trasladados al osario común. Las nuevas investigaciones apuntan
que se encuentran en uno de los nichos del cementerio municipal. La tradición
liberal de Almería y Málaga los ubicó históricamente en los mausoleos.
Ubicarlos de nuevo en su lugar de origen, cerraría definitivamente los años de
silencio y de olvido.
Pensar la memoria es adentrarse
en un mundo complejo donde se interrelacionan vivencias, emociones y
representaciones múltiples, fruto de un proceso en el que sobrevive aquello que
tiene un significado especial para quienes lo asumen como recuerdo. De ahí la
estrecha asociación de la memoria con los lugares, lugares de memoria, pues, al
igual que el tiempo, éstos contienen acontecimientos, construyen recuerdos y
guardan las experiencias de toda una ciudad.
Y hasta aquí la memoria.
Concluyo, todos los demócratas
almerienses podemos estar orgullosos de que nuestra Muy noble, muy leal y
decidida por la libertad ciudad de Almería, siguiendo la senda que marcó el
liberalismo democrático, dedique uno de sus días más señalados a hablar de
derechos, de virtudes cívicas, de libertades de la ciudadanía ya alertar de los
peligros que en cada momento pueden acechar a la libertad. Hombres como “los
coloraos” y heroínas como Mariana Pineda son un ejemplo de altruismo, ofrecieron
su vida por unos ideales, por la búsqueda de una sociedad mejor, por la
búsqueda de la felicidad que proclamaba la Constitución de 1812. Todo ello lo
condensaban en el gran paradigma de la Libertad. Por ello no es de extrañar que
Benigno Morales, editor del periódico madrileño El Zurriago, antes de ser
ajusticiado en Almería proclamara: “Hombres y mujeres de España, si queréis
libertad, seguid mis huellas”.
¡!!! Almerienses, Viva la
Libertad¡¡¡¡
Almería, 24 de agosto de 2017
Fernando Martínez López
