Excmo. Ayuntamiento Pleno, Sr. Alcalde presidente. Excelentísimas e
ilustrísimas autoridades civiles y militares. Señoras y señores.
Agradezco la decisión de este Excelentísimo Ayuntamiento Pleno de honrarme con
el privilegio de ser pregonero en el centésimo nonagésimo cuarto, aniversario
de la muerte del grupo de patriotas popularmente conocidos como los “coloraos”,
por defender el modelo de estado constitucional de 1812 frente al absolutismo
imperante del monarca Fernando VII.
Es para mí una gran responsabilidad dirigirme a ustedes, para glosar la
realidad de un hecho histórico tan cargado de significación política e
ideológica, pero me siento amparado por mi vocación de docente e investigador
que siempre ha tratado de buscar con honestidad el conocimiento de la verdad y
su trasmisión a la sociedad desde la más absoluta libertad.
Unas breves notas sobre el contexto histórico y socioeconómico del momento nos
facilitan la compresión de lo ocurrido. La situación de Almería en los días de
los hechos era la de un territorio caracterizado por el aislamiento con
respecto al conjunto de la Península, una economía poco desarrollada y sometida
a un modelo colonial, que determinaba una indigencia económica que alcanzaba
tanto a los ciudadanos como a las propias instituciones públicas; valga como
ejemplo el hospital de la Magdalena, que no siempre podía dar de comer a los
enfermos acogidos y tenía que recurrir a la caridad particular o alguna corrida
de toros para ello y no siempre con éxito. Esta indigencia y parvedad de
recursos hacían que los responsables políticos, como los de la Junta de
Beneficencia de 1823, presidida por el recién nombrado alcalde de la ciudad D.
Rafael de Medina, Marques de Torre Alta, adoptasen acuerdos de lo mas pintoresco
o surrealista, como ocurrió con los niños expósitos, que, al no poder costear
amas de leche, adquirieron unas cabras para su lactancia, alcanzando como
resultado la muerte de los acogidos a los pocos días. Trágica anécdota que nos
da idea de la situación.
Las demandas sociales relativas a las infraestructuras se centraban en la
construcción de un puerto, el encauzamiento del Andarax, y en la mejora y
desarrollo de los caminos; mientras que las preocupaciones inmediatas de las
personas se centraban, en superar los efectos de los riesgos naturales propios
de nuestro espacio geográfico, sequías, inundaciones y terremotos, pues del
ocurrido en 1804 todavía se guardaba recuerdo.
En lo político, la abolición del trienio liberal y la intervención de los 100.000
hijos de San Luís generó ciertos disturbios en la población al no entender, el
pueblo llano, la entrada del ejército francés en España, al cual habían
expulsado no sin serios esfuerzos y sacrificios unos años antes, en tanto que
para los más ilustrados, suponía el abolir con ello la Constitución de Cádiz y
la vuelta al absolutismo mas denostado.
En este contexto surge la intentona revolucionaria de conquistar Almería para
la causa liberal y constituir una punta de lanza, que haga posible un control
territorial y de recursos que acabe con el modelo de poder impuesto en España.
El conocimiento anticipado que tenían las autoridades realistas almerienses, de
una posible expedición desde Gibraltar hacia la ciudad, ya era una realidad
desde un año antes, por ello, conforme los rumores y la información
interceptada se hacía más inminente, se adoptaron medidas represivas que
permitieran abortar el intento como así ocurrió.
A la expedición se apuntaron personajes variopintos, había ardientes patriotas,
aventureros extranjeros y contrabandistas; tanto de Almería, como el famoso
“Chato” como los usuales de Gibraltar que frecuentaban la costa almeriense. El
resultado es bien conocido; unos lograron escapar como los contrabandistas y
algún patriota, otros fueron hechos prisioneros y de ellos, tras el sumario a
que fueron sometidos, unos serían ajusticiados, otros castigados a “carrera de
baquetas” y un número indeterminado serían absueltos.
En 1837, se exhumaron los cadáveres y se le hicieron exequias solemnes en la Catedral
con toques de campanas desde las vísperas. En 1841, se solemniza el aniversario
con desfile de autoridades religiosas, civiles y militares ante el cenotafio y
se celebraran misas “de profundis” en varios altares portátiles a cargo del
cabildo municipal y un acto solemne en la Catedral. El ayuntamiento hizo voto
perpetuo de celebración de oficios religiosos y civiles en memoria de los que
ofrecieron su vida por la libertad.
Y esto es en síntesis lo que celebramos en el acto de hoy, pero sin misas “de profundis”
ni acto solemne en la Catedral. Estos cambios lo fueron como los ocurridos con
el cenotafio, y posterior monumento, del que desaparecieron unos símbolos y
aparecieron otros al mor de los avatares políticos e ideológicos, muchos de los
cuales no corresponden con el sentido real del hecho, ni del sentir de la
mayoría de sus protagonistas.
Es por lo que hoy pretenda, más que un análisis de los hechos y circunstancias
que los motivaron, sea buscar y comentar el sentido reivindicativo de las ideas
y símbolos que determinaron este episodio histórico a la luz del conocimiento,
análisis de los textos y de los símbolos. Ciertamente que ha habido
interpretaciones de esta realidad, pero también es cierto que ha sucedido, como
ya señalara Hayek con las mentiras nobles de Platón o los mitos de Sorel, “que
se basan en las opiniones particulares acerca de los hechos y que se elaboran
después como teorías científicas para justificar una opinión preconcebida”.
Ciertamente que en unos casos obedecen a un marcado interés ideológico ajeno a
la realidad de los hechos, pero en otros son claros ejemplos de “errores
intelectuales” como diría Schumpeter.( Popper, es una receta para “la teoría
colectivista, totalitaria, de la moralidad” por cuanto permite el engaño masivo
de los ciudadanos individuales como el medio de asegurar el bien de “el estado”
Sorel: El mito como instrumento de transformación social)
Lo que ha constituido la realidad indiscutible y que nos ha
llegado hasta hoy es el intento de conquistar un territorio, donde iniciar un
nuevo orden institucional y político de ideología liberal, basado en la
Constitución de 1812; para lo cual era necesario acabar con el rey felón y
referente del absolutismo despótico, Fernando VII, e instaurar un modelo de
estado conforme al fundamento constitucional, que no era otro que la monarquía
pactada o constitucional, con separación de poderes; que dicho sea de paso,
tenía como referente el modelo tradicional de la monarquía hispánica. Pero lo
realmente importante en la ideología liberal que mueve a estos ardientes
patriotas, era la necesidad de lograr un modelo político basado en la libertad
individual, que tiene su origen en el derecho natural, y se expresa en el pacto
social, que en las monarquías sería entre el monarca y los súbditos. No
olvidemos que en la teoría del derecho natural, expuesta ya por Vitoria S
XV/XVI, éste se considera moralmente superior al poder del estado. No es una
reivindicación la de los “coloraos” sobre el modelo de estado, monarquía o
república; sino que es de defensa y afirmación del modelo de estado
constitucional de 1812, la monarquía “moderada”, basada en el pacto social.
Las ideas liberales que promovieron las grandes revoluciones del S, XVIII, como
la independencia de los Estados Unidos o la Revolución Francesa, tienen su
origen en España como así se ha reconocido por autores del pensamiento
económico y político como Rothbart, Hayek, Grice Huchinson, Menger o Bruno
Leoni. Esto autores señalan que fueron expuestas, por los jesuitas y dominicos
escolástico de la universidad de Salamanca en el SXVI, entre los que destacó el
Padre Mariana. Este autor editó una obra de amplio impacto en el pensamiento
europeo, “De rege et regis institutione”en la que defiende la teoría del
tiranicidio, según la cual, cualquier ciudadano particular puede asesinar
justamente a un rey que se convierta en tirano, indicando que esto ocurre
cuando el monarca grava con impuestos a sus ciudadanos sin el consentimiento de
estos, cuando les expropia injustamente su propiedad, cuando impide que se
reúna un parlamento o asamblea y si utiliza una policía secreta para reprimir
las libertades. No es casualidad que uno de los padres de la independencia de
los Estados Unidos Thomas Jefferson, cuando sus compañeros dudaban si
levantarse o no contra el rey de Inglaterra, el los animaba recomendando que
leyesen al Padre Mariana para entender la lucha del hombre por la libertad y
contra la tiranía.
La brillante historiadora de la Revolución Francesa Florence
Gauthier, catedrática de la Universidad de París VII, reconoce que la teoría
política de Juan de Mariana generó un vínculo entre los pensadores de la R.F.
desarrollando la idea del tiranicidio y el derecho a la resistencia y opresión;
así como, junto a la Escuela de Salamanca, elaborando una versión moderna del
derecho natural. Ahora bien, es tan fuerte este vínculo entre el Padre Mariana
y la Revolución Francesa, que esta autora significa cómo el símbolo de la
“Libertad”, expresado magistralmente en el cuadro de Delacroix “La Libertad
guiando al pueblo”, recibió el nombre de Marianne y es el símbolo de la
Revolución Francesa, precisamente en referencia al Padre Mariana.
Curiosamente, en una obra muy aludida en los estudios sobre este
episodio, “Don Pablo Iglesias mártir de las libertades patrias” publicadas por
Martínez de Velasco en 1852, señala “aquella atrevida lección de santo Tomás de
Aquino y del P. Mariana: Si el príncipe abusa tiránicamente de la potestad real
y rompe el pacto…puede el pueblo refrenar su autoridad, disolver el gobierno y
crear otro de nuevo”. Y ese y no otro es el fundamento ideológico del intento
de Almería.
Es claro que toda la teoría liberal hunde sus raíces en la
tradición filosófica cristiana, como corresponde al modelo cultural europeo y
ello constituye una constante que justifica la acción política. Pero en el caso
de España, la finalidad política queda muy explícita como lo señala Irene
Castell en su obra “La utopía insurreccional del liberalismo “publicado por
Crítica en 1989; en ella, significa, que en todos los documentos analizados se
advierten unos fines comunes que paso a enunciar: luchar por un régimen
constitucional, manifiesto odio a los borbones buscando lograr el cambio
dinástico, y un profundo sentimiento anti francés. Las razones son evidentes y
están justificadas por el devenir de los hechos históricos, como es la acción
revolucionaria que hoy conmemoramos.
La lucha por el sistema constitucional expuesto en la Constitución de 1812, es
todo un símbolo del modelo ideológico de los “mártires de la libertad”, toda
vez que la misma, es el nexo de unión con las leyes tradicionales de la
monarquía española; expresa el modelo confesional de la Nación, fundamentado en
la religión Católica y define la fórmula política del estado, monarquía
moderada, basada en el pacto social y con separación de poderes. No olvidemos
que un rasgo básico que define la identidad de un grupo es la religión pues es
un elemento cohesionador.
El rechazo a los borbones es consecuencia del modelo de monarquía francesa
basada en el absolutismo, contrario al modelo de monarquía tradicional
hispánica, menos absolutista y más pactista; a lo que hay que añadir la
indecente conducta del monarca Fernando VII. Pero lo que resulta meridianamente
claro en todos los textos, es una clara afirmación monárquica de los liberales
españoles.
El sentimiento anti francés, era la consecuencia directa de los enfrentamientos
patrióticos con motivo de la guerra de la independencia y reactivados por la
intervención francesa que acaba con el trienio liberal, en la que los
protagonistas de este período histórico tuvieron una sacrificada y heroica
vivencia.
Este esquema ideológico político, no solo queda probado como el motor que mueve
a la acción, pero es que la acción misma, utiliza una fórmula original en España
como es promover la subversión a través del “pronunciamiento”, que no es
imponer una autoridad militar, sino que buscaba despertar a la sociedad y
reconquistar el aparato estatal para que, como en este caso, reimplantar la
Constitución de 1812.
De otra parte están los símbolos, que son formas de expresión de
un concepto o conjunto de ideas por medio de una realidad, que se puede
identificar, por una bandera, un himno o una liturgia conmemorativa. En el caso
de los “coloraos”, es cierto que el color rojo de las casacas, propias del
ejercito inglés, quedaba atenuado por el cuello verde símbolo de los liberales.
La bandera tricolor morada amarilla y verde, que no es la de la 2ª República y
que algunos han pretendido identificar con ideas republicanas, era la
enarbolada en este hecho. Significando siempre el color morado, una alteración
del carmesí, de la bandera comunera y que simboliza la identificación de este
movimiento patriótico liberal con el movimiento comunero, color de referencia y
sobre el que bordará Mariana Pineda el triángulo verde.
Explicar y entender la relación de los liberales y los comuneros es fácil, no
olvidemos que esta sublevación castellana de 1520/22, es en primer lugar un
movimiento anti fiscal, contra la presión tributaria de Carlos I y sus
consejeros, que no es aceptada por los representantes de las ciudades. Pero en
su desarrollo, este movimiento, busca establecer las libertades y derechos
ciudadanos, el pacto con el monarca, así como promover una Hacienda Pública que
posibilite la inversión de los recursos del reino en el progreso del mismo; tal
y como se reconoce en la “Ley Perpetua de Castilla” de 1521 conocida como “La
constitución de Ávila” y promovida por la Junta de Procuradores de las
Comunidades de Castilla; documento, que puede considerarse como un precedente
del constitucionalismo español, aunque nunca fue sancionado. Es pues el
movimiento comunero un referente cierto del liberalismo español y como tal
asume la defensa del derecho natural defendida por los escolásticos salmantinos.
Otro de los grandes símbolos del liberalismo español y que fue
ensalzado y cantado por los mártires de la libertad fue el “Himno de Riego”,
cuya letra elaborada por Evaristo Sanmiguel, vuelve a evocar la tradición
española, el derecho a la libertad y la teoría del tiranicidio, como se
observan en algunas estrofas. No es pues un himno ni republicano ni
antimonárquico, es el himno de exaltación al caudillaje de Riego de los
liberales españoles, y que posteriormente sería apropiado por otros esquemas
ideológicos, en muchos casos opuestos al pensamiento e ideario liberal.
No ocurre lo mismo con otro himno como es la Marsellesa, que fue interpretado
por primera vez en la conmemoración del aniversario de 1889, que era la
efeméride de la Revolución francesa y año de la Exposición Universal de París.
Es un himno rechazado por los liberales de 1824, toda vez que ellos sufrieron y
lucharon contra los franceses en la Guerra de la Independencia. Pero como
ocurrió con otras cosas se introduce en la ceremonia conmemorativa, por
movimientos ideológicos, en algunos casos, contrarios al espíritu de los
mártires de 1824. No olvidemos que en esos momentos Francia estaba de moda, la
Tercera República era envidiada por muchos y con ella se desarrolló el espíritu
de laicidad anticlerical, es por ello que se alteraran los símbolos y las
formas de celebración de la conmemoración, llegándose a presentar a los
mártires de la libertad como los referentes del nuevo orden político e
institucional que algunos sectores intentaban imponer. No podemos olvidar la
confusión mental o el pretexto de la izquierda revolucionaria, al identificar
laicismo con anticlericalismo y anticatolicismo.
Es muy significativa toda la simbología que envuelve esta
historia y que también se manifesta en la evolución del monumento que se
construye en su conmemoración y al que se le despoja de aquellos símbolos que
configuran la esencia de lo permanente de los que fueron alevosamente
ajusticiados. Tal es el caso de los símbolos cristianos con los que se
identificaron los revolucionarios liberales en muchas ocasiones y de una forma
especial ante la muerte. No es que fuera una paradoja, era asumir una
identificación con las creencias que daban sentido a sus vidas y a su proyecto
revolucionario. Es por ello que no resulte extraño, que en la instrucción de la
causa, declarasen su pertenencia confesional a la Iglesia Católica, Apostólica
y Romana; o como Pablo Iglesias, líder de la expedición, que en la última carta
que envía a su mujer, manifiesta su sentido religioso con una gran pureza y
dignidad. De hecho, según hace constar, Fray Vicente García, responsable de la
parroquia del Sagrario y que tenia a su cargo el cementerio de la ermita de San
Juan, al levantarlas actas del hecho hace constar que todos los fusilados
recibieron los Santos Sacramentos antes de morir. Es por ello, que la Iglesia
católica como institución, defendiese siempre su memoria y estableciera
sufragios por sus almas.
Esta dimensión trascendente de los mártires de la libertad fue
claramente entendida en el inicio de la institucionalización del hecho
histórico por parte del Ayuntamiento de Almería y las autoridades eclesiásticas
almerienses, de ahí el carácter cívico-religioso de su conmemoración y de la
construcción del monumento.
Recuperar la conmemoración de la muerte de unos patriotas por la defensa de la
Constitución de 1812, es un acto de justicia histórica y un momento para la
afirmación del espíritu liberal que motivó este hecho, el cual se desarrolla en
un contexto histórico concreto y en unas circunstancias por todos conocidas.
Extrapolar su sentido original, para justificar, protagonizar o liderar modelos
o ideas políticas ajenas a la verdad de los hechos o al modelo ideológico que
motivo el desarrollo de estos sucesos, es cuanto menos impostura, por no decir
una falsedad histórica.
Quisiera señalar, que la filosofía política liberal, tiene como
base a la persona como individuo, no a la colectividad. Por ello, como señala
Ortega, el Poder público, ejérzalo un autócrata o el pueblo, no puede ser
absoluto, sino que las personas tienen derechos previos a toda injerencia del
Estado. Y esta fue la razón última que justificó la revolución y muerte de unos
patriotas, que buscaron en el intento de Almería extender por España, la
revolución liberal que posibilitara la implantación y desarrollo de este modelo
político que se expresaba en la Constitución de 1812.
Termino con el lema que acuñó Pablo Iglesias de “Libertad o
Muerte” y que hoy sigue vigente para señalarnos, que no tiene sentido una vida
si ésta no se desarrolla dentro del marco de respeto a las libertades de la
persona por parte del Estado, ya que éstas son moralmente superiores al mismo
Estado, tal y como muchos ciudadanos hoy lo refrendan, como ocurre en Nicaragua
o Venezuela por citar dos referentes próximos. Vulnerar este espíritu en aras a
la colectividad, es traicionar la razón de la victoria que alcanzaron con su
muerte los mártires de la libertad.
Muchas gracias
Andrés García Lorca
24 de agosto de 2018

No hay comentarios:
Publicar un comentario